domingo 22 de septiembre de 2019

Noticias | 9 sep 2019

Ciencia

El geólogo que comprobó la leyenda sobre el río hirviente de la Amazonia

El Shanay-timpishka, escondido por la vegetación, alcanza temperaturas de 94 grados, próximas a la ebullición


De pequeño, en la ciudad de Lima, Andrés Ruzo se nutrió de las anécdotas del Paititi --nombre quechua que se traduce como El Dorado-- la legendaria ciudad incaica de oro macizo, oculto en la jungla y habitado por una fauna quimérica. De adulto, se recibió de geólogo, completo su doctorado en los Estados Unidos y mientras investigaba para una beca de National Geographic, se propuso hallar aquel mítico lugar de su infancia. Tras una infructuosa búsqueda, ocho años atrás, encontró el Shanay-timpishka, el “río hirviente” que se esconde en el corazón de la Amazonia.

“No fue nada fácil llegar hasta este río sagrado. Me demandó dos años de investigación y varias veces estuve a punto de echarme atrás. Hasta que alguien me habló de Juan Flores, el chamán de la comunidad de Mayantuyacu, que era una especie de guardián de este lugar y que tardó seis meses en recibirme. No por tener una agenda repleta de compromisos sino porque desconfiaba de mis intenciones. Pensaba que era parte de una empresa minera o petrolera que tenía intenciones de explotarlo. Pero mi amor por la selva fue algo determinante”, advierte Ruzo.

Peru Mayantuyacu Rio Hirviente

Hasta entonces no había nada documentado sobre este lugar sagrado, tampoco figuraba en los mapas de Google y cuando revelaba su intención a otros investigadores, le recomendaban abandonar el proyecto. Porque si bien existen ríos hirvientes en otras latitudes, están asociados a volcanes, dado que se requiere una inmensa fuente de calor para producir una manifestación geotérmica tan masiva. El problema es que no hay volcanes en la Amazonía, ni tampoco en la mayor parte de Perú.

Juan Flores, el chamán de la comunidad de Mayantuyacu, le dio la pista para hallar el Río hirviente. Crédito Sofía Ruzo.

Juan Flores, el chamán de la comunidad de Mayantuyacu, le dio la pista para hallar el Río hirviente. Crédito Sofía Ruzo.

El Ishpingo es un árbol venerado al que se le atribuyen cualidades proféticas y que los guías espirituales utilizan para meditar. “Bajo sus ramas, al chamán lo abordó la visión de un hombre blanco que le advertía que para proteger algo valioso no era necesario esconderlo. Tras aquel augurio, decidió revelarme la ubicación del río. Para llegar, tuvimos que viajar varias horas en una 4x4, dos tramos en canoa por un afluente y una larga caminata a través de la selva”, detalla Ruzo.

Andrés Ruzo, que hoy trabaja para National Geographic, logró llegar hasta el mítico Shanay-timpishka. Crédito. Steve Winter

Andrés Ruzo, que hoy trabaja para National Geographic, logró llegar hasta el mítico Shanay-timpishka. Crédito. Steve Winter

Fue el propio chamán quien lo condujo hasta el curso alto del río, que se despliega como un arroyo tibio y da origen al mito. Y en la parte central, con el agua humeante, se convierte en la Yacumama, la madre de las aguas para los indígenas del Amazonas y su representación, para los autóctonos, es una roca en forma de cabeza de serpiente.

El Shanay-timpishka es un río ubicado en Perú, en la provincia de Puerto Inca en Huánuco. Créditos: Devlin Gandy

El Shanay-timpishka es un río ubicado en Perú, en la provincia de Puerto Inca en Huánuco. Créditos: Devlin Gandy

“Llegar hasta el que se convirtió en el río térmico más grande del mundo fue una aventura extraordinaria. Su curso fluye por más de 6,25 kilómetros y llega hasta más de 25 metros de ancho y en su punto más profundo, toca los 5 metros. Y lo más asombroso es que en promedio alcanza una temperatura de 94°, casi el punto de ebullición del agua”, señala Ruzo.

 

Lejos de ser un agua térmica apta para un chapuzón, su corriente es mortal. Todos los animales de la zona evitan aproximarse a su orilla, ya que en cuestión de minutos terminan en modo hervor. Incluso, uno de los investigadores de la expedición, según contó Ruzo, trastabilló y se hundió en el agua. Cuando lo sacaron a los pocos segundos, tenía quemaduras de tercer grado (que afectan tanto a la capa externa como a la interna de la piel) en las partes expuestas del cuerpo.

Las causas del calentamiento del caudal, que alcanza los 97ºC, se deben a las aguas termales alimentadas por fallas. Créditos: Devlin Gandy.

Las causas del calentamiento del caudal, que alcanza los 97ºC, se deben a las aguas termales alimentadas por fallas. Créditos: Devlin Gandy.

“Los habitante de Mayantuyacu tratan al río como si fuera una persona más de la comunidad. Conocen el momento para bañarse, que por lo general es después de una lluvia y el punto para extraer medicinas. Hay tramos en donde la temperatura baja hasta los 27 grados y se vuelve potable. En otros recodos aparecen manantiales que expulsan agua caliente y el caudal se vuelve hirviente”, explica Ruzo.

La gran incógnita son las altísimas temperaturas que alcanza, que podría estar en la composición química del agua. Durante los últimos 7 años Ruzo estuvo tratando de entender qué produce este fenómeno. Y aunque señaló que hay una explicación, espera recibir garantías de que se lo va a proteger. Incluso, anticipó que en 2020 va a revelar parte del secreto que se esconde bajo sus aguas.

La pista que ofreció es que “la Tierra es un motor de calor que estuvo funcionando 4,5 millones de años. En el manto todo está en movimiento y las placas tectónicas se abren, algo que recicla calor. El agua se filtra en las arterias del planeta, se calienta y reaparece a través de fallas y grietas que la expulsan al exterior. Cuanta más profundidad alcance el líquido, más se acerca al gradiente térmico de la tierra”, cuenta Ruzo.

Su mirada sobre los incendios

El geólogo, conservacionista y explorador de Nat Geo no es ajeno a los incendios que afectan la selva brasileña. "En la amazonia peruana estamos perdiendo aproximadamente media cancha de fútbol, por minuto, de selva. Sitios como el Río Hirviente están amenazados y quiero hacer todo lo posible para protegerlo”, explica Ruzo.

La mayoría de las veces los incendios son intencionados. "Se quema la selva para limpiar la maleza y así tener lugar para que el ganado se alimente de los pastizales. Pero al carbonizar un espacio tan antiguo del planeta, que tiene 55 millones de años, se destruye también una biodiversidad única, representada por insectos, plantas y animales", advierte Ruzo.

Durante la época seca, la selva amazónica genera su propia estación lluviosa usando vapor de agua de las hojas de su imponente cubierta vegetal. “Las consecuencias de los incendios provocan un impacto cada vez más profundo en su ecosistema, ya que la selva es un bloque compacto de vegetación tropical, pero los siniestros abren huecos en la espesura. Al quedar cada vez más zonas desprotegida, aumenta la posibilidad de nuevos incendios, debilita la resistencia del bosque y genera mayor sequedad”, sentencia Ruzo.

Fuente: Clarín

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
MÁS NOTICIAS