viernes 19 de octubre de 2018

Noticias | 9 oct 2018

Sociedad

Fumaba un atado por día y se “rateaba” de gimnasia: hoy es la ultramaratonista más importante del país

Tiene 36 años, dos hijos y un pasado sedentario. Será la única argentina que correrá este viernes 384 km en el desierto en Utah.


Cómo puede ser que una chica que odiaba correr, que amaba fumar, devorar comida chatarra y encima se rateaba en las clases de gimnasia, hoy sea la ultramaratonista más importante de la Argentina, que está por correr este viernes 384 kilómetros por desiertos, cañones y montañas de Moab, en el estado de Utah. "¿Crecer, madurar, entender qué es esto de la vida?", se pregunta Sofía Cantilo (36), la protagonista de esta historia, sin encontrar una respuesta y menos una verdad.

Físico escultural, rostro televisivo y look juvenil. Sofía está a las corridas -valga la paradoja- porque en unas horas se tomará un avión a los Estados Unidos, más precisamente al estado de Utah, donde formará parte de un verdadero desafío de resistencia: el 12 octubre correrá la ultramaratón Moab Endurance 240.

Sofía no es ninguna improvisada en materia de running, al contrario, es una de las más destacadas del país, especialmente en las llamadas ultras de montaña. Corre desde 2005, cuando hizo su primer 10K en Palermo y desde entonces no paró más y se transformó en una fundamentalista.

Se refiere a su vida como "un plan de entrenamiento". Habla de "ultra distancia", "trail running" o "endurance challenge" con la misma familiaridad con la que cualquier peatón cansino podría mencionar "el bondi". Corrió maratones, hizo varios cruces de los Andes (100 km) y en 2017 hizo la carrera más extensa de su vida: "Alcancé los 328 kms en California, que me llevó 72 horas 24 minutos", puntualiza con precisión milimétrica esta mujer que tiene dos hijos, trabajó en la Subsecretaría de Deportes y después de los Juegos Olímpicos estará en Buenos Aires Ciudad Activa, donde estará vinculada con las redes y los eventos.

Cantilo recibe a Clarín en el departamento de sus padres de Barrio Norte. Convida lo que ella come: papas fritas, maní y Coca. ¿No está prohibido? "Como de todo, para eso entreno todos los santos días", devuelve y amplía: "En las carreras de este tipo suelo comerme todo: sandwich de hamburguesa, batidos de chocolate, frutas, gomitas dulces y gaseosa. De lo contrario, no podría completar la distancia. Soy una mina con un entrenamiento de elite que come como una persona común. Es bueno relajar un poco, evitar las obsesiones y tomarse un buen trago los fines de semana. Además soy madre".

Cuenta que su cabeza está puesta en las 8 de la mañana del viernes 12 de octubre, cuando se zambulla en una carrera interminable que tendrá unos 250 competidores y Sofía será el único crédito argentino. Otra competencia más, aunque ésta aún más exigente. Correrá 384 kilómetros por cañones, montañas y un temido desierto que, como máximo, deberá completar en 112 horas de acuerdo a los reglamentos. En otras palabras deberá correr 16 horas por día y apuesta "idealmente" a no dormir hasta la segunda noche, la del sábado 13 y después descansar en la tercera noche 40 minutos y otro tanto la cuarta noche. "Es lo que planifico, pero a veces el agotamiento o los pies deformados te obligan a parar. El cuerpo manda, y está por encima de la cabeza".

¿Por qué ningún otro argentino se anotó en la Moab Endurance? "Porque es una carrera demasiado larga, en un país lejano y hay que pagar una inscripción de 1.200 dólares más el viaje y el alojamiento. Y no gano nada, es todo a pulmón, literalmente".

Poco tiene que ver esta versión de Sofía con su pasado de hace poco más de una década, cuando estaba hundida en el sedentarismo y su relación con el deporte era casi imperceptible. Hasta se llevó Educación Física en tercero y cuarto año del secundario "porque era una vaga total. Hacíamos la clase en Parque Sarmiento y me escondía en el baño a fumar y cuando todos corrían yo me quedaba en una esquina por ahí... Era un descontrol, un canto a la haraganería". No se jacta ni se manda la parte Sofía, que siente vergüenza por ese pasado arruinado, pero nada solemne no puede evitar la carcajada.

"Seguí igual durante varios años. No te caminaba ni a la parada del colectivo y fumaba como veinte puchos al día. Encima comía que daba calambre... Así fue hasta mayo de 2005, que con 24 años me dije: 'Esta vida me amarga'. Empecé a ir al gimnasio tímidamente, le fui encontrando el gustito y mi día a día fue cambiando, aunque correr y hacer ejercicio eran dos desconocidos para mí". Cuenta que a su entorno le cuesta aceptar semejante transformación y mucho menos ex profesores y compañeros del secundario.

Su disciplina y constancia iban increscendo, hasta a la propia Sofía sorprendían. De las cintas del gimnasio empezó a trotar en las plazas y de ahí saltó a correr carreras de calle. Con paciencia comenzó a notar la diferencia tanto física como mental, hasta que descubrió que correr era una pasión descontrolada. Dice que descubrió "otro mundo" que pudo combinar, con sacrificios, a su faceta materna. Se levanta a las 6 casi siempre, desayuna con sus hijos, acompaña al mayor al colegio y luego empieza la rutina física, muchas veces en doble turno.

Revela Sofía que sus amigas la ven como "un bicho raro", pero afirma que no es una hueca que habla solo de running. "De hecho no me interesa hablar cuando no estoy corriendo. Si bien es mi pasión, yo te puedo hablar de cualquier otra cosa. No soy monotemática, no ando por la vida vestida de corredora, sino soy una mina normal, una apasionada de la montaña, yo corro en mi vida sólo para ir y ver la montaña". ¿No te aburre? "Nunca jamás, es un paisaje que cambia constantemente. Correr y la montaña son metáforas de la vida".

Cuando llegue el martes 16 de octubre, ya con la ultramaratón finalizada, Sofía tiene en claro que su estado será de "destrucción total", grafica explícita. "Termino muy mal, horrible, no te podés imaginar. Ya tuve la experiencia del año pasado en Tahoe, donde en el aeropuerto de California me trasladé en silla de ruedas porque no podía moverme, porque mis pies se deforman... Sufrí horrores y lo volveré a padecer. Pero aunque suene masoquista, las cosas positivas de una carrera como ésta no tienen precio".

Por otra parte, subraya que el dolor es una constante para quienes se dedican a las ultra distancias". ¿Cómo sobreponerse al dolor? "Mientras corro pienso en los momentos de mierda por los que pasé en mi vida, en los que me sentía hundida espiritualmente, y me sobrepongo y noto que el dolor físico es eso, sólo un dolor". ¿La cabeza? "En una carrera no para, puede ser tu peor enemiga. Es la voz que todo el tiempo está martillándote las molestias y limitaciones, es la que te remarca todo lo negativo. Pero es todo mentira, podés, siempre podés".

Pero, ¿por qué reincidir en esta suerte de autodestrucción, por qué exponer el cuerpo a extremos peligrosos? "Soy consciente de todo lo que hago con mi cuerpo y sigo reeligiendo la ultradistancia. Los que menos lo entienden son quienes no corren, ni ven o ni conocen la montaña. Se asustan porque me ven durante los días posteriores a la carrera con las muñecas, manos, panza y las piernas hinchadas. Cara inflada y pies deformados. Es muy duro pero la satisfacción que genera correr es imposible de describir”.

Referente para las corredoras, Sofía remarca que la cuestión de género se trasladó a la pista. "Está claro que la mujer no tiene la potencia del hombre, y está comprobado que en carreras de calle -no de montaña- la diferencia es de 40 segundos a favor del hombre, pero también a mayor distancia la mujer tiene mucha cabeza y fortaleza interior y ahí es donde la mujer se está imponiendo cada vez más. De hecho, el año pasado, esta carrera de Moab la ganó una chica". ¿Machismo? "Obvio y es muy jodido, los tipos pueden ser chotísimos, por eso para mí es un desafío pasarlos en alguna carrera; el tema es que cuando el sendero es chiquito y una mujer pide el paso, ellos no te lo dan, no se bancan que una mujer los deje atrás. Y cuando lográs pasarlo alguna burrada te dicen seguro".

Sin pretender aleccionar ni ponerse en un lugar de consejera, cuando se le pide una reflexión para aquellos que están alejados del deporte, como Sofía lo estuve en un período de su vida, ella responde atinada y cautelosa: “Estoy convencida de que el hombre nació para vivir en movimiento. Los beneficios de hacer ejercicio van mucho más allá de algo estético, o incluso de la salud… Creo que los beneficios sociales, mentales y anímicos que trae realizar actividad física son enormes". Sostiene que a ella le ha enseñado muchas cosas, todas aplicables a la vida: "Buscar un objetivo, cumplir con un plan de trabajo, esforzarme y no bajar los brazos cuando las cosas se ponen difíciles y tener disciplina. Nunca es tarde para comenzar una vida saludable".

Fuente: Clarín

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