jueves 09 de julio de 2020

Entrevistas | 28 may 2020

“Los pilotos se peleaban por salir en misiones de las que no volverían”

En una entrevista sin filtros con Argentina Online, el único corresponsal de guerra en Malvinas, Nicolás Kasanzew, afirma que “los isleños nos odiaban y hacían trabajos de inteligencia" y que “el que ayudó a Inglaterra no fue el pueblo chileno, fue Pinochet”.


“El orgullo más grande de mi vida”. Quien habla es el teniente coronel Seineldín, un día ventoso y nublado en las Islas Malvinas. Detrás de él se vislumbran las ramas de un árbol, y más atrás un mástil donde ondea la bandera argentina. Quien lo entrevista está de espaldas, es un hombre joven y delgado, vestido con una campera azul. Acaba de preguntarle al jefe de los comandos del Ejército qué significa para él estar custodiando un territorio reincorporado a la Nación Argentina.

 

El cronista se llama Nicolás Kasanzew, único corresponsal de guerra argentino en las islas. Aquél día frío, luego de que Alfredo Lamela, el camarógrafo que lo acompañaba, dejara de filmar, Seineldín todavía le confiaría: “Nada me gustaría más, Kasanzew, que morir en estas islas; deseo que ocurra, nada sería mejor para mí”.

 

El testimonio es recogido en el libro Malvinas, a sangre y fuego, y trae al presente una imagen congelada en el tiempo. Un momento fugaz en que los combatientes, junto a otros innumerables argentinos a la distancia, sintieron la euforia de haber logrado una gran gesta.

 

Pero la guerra se perdió, desencadenando el final de la dictadura militar más sangrienta de la historia argentina. Y durante muchos años la memoria de esos guerreros orgullosos cayó en el olvido. Hoy, casi cuatro décadas después, aquel cronista sigue sin embargo participando en reportajes, solo que ahora el entrevistado es él y toca a nosotros esgrimir el micrófono.

 

 

-Kasanzew, ¿cómo llegó a ser el único corresponsal que cubrió la totalidad de la guerra de Malvinas?

 

-Yo resulté ser el único en cubrir el conflicto porque en abril llegaban oleadas de periodistas, hacían sus notas y se volvían en el mismo vuelo. Nadie se quería quedar. No se quiso quedar el corresponsal de guerra del diario LA NACION Corbellini Rosende, no se quiso quedar el periodista de Cadena 3 Rony Vargas, y después se cerró el bloqueo. Otros hubieran querido llegar y no los dejaron; lo ignoro. Además habían quedado en las islas hombres de la agencia TELAM pero cuando inventaron una noticia que molestó profundamente a Menéndez, que los ingleses habían matado a más de una docena de kelpers, una cosa totalmente fantástica y mentirosa, les quitaron los equipos y sólo se los devolvieron un par de días antes de la rendición. Ese es el motivo por el cual fui el único.

 

 

-¿Qué lo motivó a cubrir el conflicto?

 

-Yo hubiera matado por ir. Primero, era periodista. No hay nada más enriquecedor para un periodista que cubrir situaciones extremas y vaya si la guerra es una situación extrema. Pero además yo fui educado en la escuela pública: como patriota malvinero, lo primero que hacía la maestra al ingresar al aula era “las Malvinas son Argentinas” y yo soñaba con ser el almirante de la flota que iba a recuperar Malvinas. La última aventura romántica que se podía permitir un argentino. Y bueno, cuando uno desea algo intensamente parece que se le da.

 

Nicolás Kasanzew fue el único corresponsal que cubrió la totalidad de la Guerra de Malvinas

Nicolás Kasanzew fue el único corresponsal que cubrió la totalidad de la Guerra de Malvinas
 

Nicolás Kasansew es hoy una voz ineludible sobre Malvinas. Testigo único de la guerra, su testimonio es fundamental para comprender qué fue lo que realmente pasó en un conflicto en el que sobran los malentendidos, los ocultamientos y los falseamientos. Además de haber escrito libros sobre el tema, participa activamente de debates en redes sociales y televisivos, da entrevistas, ha realizado documentales sobre la guerra y hasta compuso canciones. Su empeño en resaltar socialmente la figura de los combatientes le ha valido el orgullo de desfilar junto a los Veteranos de Guerra de Malvinas. Sin embargo, su desempeño no ha estado exento de controversias.

 

 

-En las entrevistas que usted ha realizado con ex combatientes el honor, la valentía y el coraje son temas que aparecen con frecuencia. ¿Qué historias son las que más lo han tocado en este sentido?

 

-Sería imposible enumerar todas las historias de coraje, de abnegación, de amor al prójimo que me conmovieron cuando me enteré de ellas o las presencié durante el conflicto. Los pilotos que se peleaban por salir en misiones de las que no volverían, los soldados que cubrían con su cuerpo a un superior, porque tenían armamento mejor. El caso del soldado Ramos por ejemplo, que cubre con su cuerpo a un guardiamarina que solamente estaba armado con una pistola y él tenía un fusil. Inmensa cantidad de hechos de amor al prójimo. Porque en la guerra, el amor a la patria se traduce en amor al prójimo y también –cumpliendo la máxima de Cristo según la cual no hay mayor amor que el de aquél que da la vida por sus amigos (lo dice el Evangelio según San Juan)-, pues bien, nuestros combatientes daban la vida por sus amigos, y eso es lo más conmovedor que hay.

 

 

-Con respecto a su desempeño como corresponsal usted ha recibido críticas que le adjudican un rol propagandístico durante la guerra. ¿Qué opina sobre estos cuestionamientos y cómo ha convivido con ellos?

 

-A mí me ha criticado gente de mala fe o directamente ignorante. Yo he sido periodista, jamás he sido propagandista. De hecho cuando la dirigente Gabriela Cerruti me acusó, yo la desafié abiertamente a que encuentre alguna frase triunfalista mía públicamente en el diario LA NACION. Por supuesto que no pudo encontrar nada. Y jamás nadie lo va a encontrar porque esa no era mi profesión ni esa era mi ocupación. De hecho, a tal punto lo que yo informaba no era funcional a la propaganda triunfalista del momento es que entre el 90 y el 95 por ciento de mi material fue destruido por la censura militar. No solo no fue mostrado: fue destruido. Si hubiera sido funcional a la propaganda triunfalista, no lo hubieran destruido. De hecho, hace poco el diario CLARÍN publicó una nota en donde se estableció que faltan 100 horas de grabación mías.

 

 

-Usted ha manifestado estar en desacuerdo con la creencia extendida de que los soldados argentinos que lucharon eran adolescentes sin preparación alguna. ¿Por qué?

 

-Los soldados argentinos tenían dieciocho y diecinueve años. Es la edad de los combatientes de todas las guerras de la historia de la humanidad y aún edades mucho menores. Es más, los ingleses tenían una inmensa cantidad de combatientes de diecisiete años. Lo dicen ellos. Está grabado. Por ejemplo, la mayoría de los tripulantes de la flota tenían diecisiete años. Hubo soldados de dieciséis años, está en los videos de los ingleses. Pero además, nuestros soldados, teniendo dieciocho y diecinueve años pelearon como hombres. Lo reconocen también los ingleses. Dicen que eran como moluscos aferrados a las rocas de las cuales era imposible sacarlos. Hablan de los nidos de ametralladoras, que eran prácticamente inexpugnables, que había que matar a todos. Lo dicen los ingleses. Lo reconocen. Esto se oculta en nuestro país. El heroísmo, la valentía, de nuestros soldados. Se oculta, nadie lo sabe excepto el que sigue muy de cerca el tema Malvinas, que un soldado de dieciocho años abatió nada menos que al teniente coronel Jones, el jefe de los paracaidistas ingleses en un encuentro mano a mano, frente a frente. Y el soldado Ledesma, tenía dos meses de preparación… pero el soldado es el reflejo del jefe. Tuvieron buena preparación los que tuvieron buenos jefes. Obviamente el que no tuvo un buen jefe no la tenía buena. Pero Ledesma era un subordinado del legendario teniente Estévez que a sus aspirantes a oficiales de reserva, que era su sección, los convirtió en un puño de hierro. Y así pelearon.

 

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La Operación Rosario tenía fin de recuperar el control de las islas Malvinas. Los británicos se rindieron luego de tres horas de esporádicos combates
 

-El alto mando militar argentino preveía la neutralidad y hasta el apoyo de Estados Unidos durante el conflicto. También se daba por sentado que Inglaterra no enviaría su flota para ocupar las islas por la fuerza. Prácticamente no existía plan en caso de que esto ocurriera. Para usted, ¿cómo se explican estos catastróficos errores de juicio en un gobierno militar?

 

-Los altos mandos argentinos nunca pensaron ni en sus peores pesadillas ir a la guerra, menos contra Inglaterra y menos contra toda la OTAN. Cayeron en una trampa. Si no se entiende eso no se puede entender Malvinas. Había habido un guiño, vía el Pentágono, de que se podía hacer un “toco y me voy”, no lastimar a nadie, y después se negociaría, se repartiría el petróleo. Eso fue una estratagema de Gran Bretaña que necesitaba un casus belli de parte de los argentinos para venirse con la flota e instalar lo que ellos bautizaron como la Fortaleza Falklands. Porque países como Inglaterra y sus aliados planifican a muchas décadas en adelante y querían asegurarse el control del petróleo, el cruce interoceánico, y sobre todo la proyección a la Antártida. Cayeron como chorlitos los integrantes de la Junta Militar y después no pudieron dar marcha atrás. Porque el pueblo se había lanzado a las calles plebiscitando la recuperación de Malvinas, y cuando Galtieri se da cuenta de que Estados Unidos no iba a ser neutral, que los ingleses vienen en serio, le dice a su ministro de defensa Frúgoli “saquemos las tropas de las islas” y Frúgoli le contesta “no podemos, la gente nos cuelga en Plaza de Mayo”. Y así hubiera ocurrido. El hecho es que nunca quisieron ir a la guerra y la hicieron a media máquina. Por eso se perdió la guerra, no por los soldados de dieciocho años sino por los generales de cincuenta que nunca se jugaron en esta guerra.

 

 

-Durante su estadía como corresponsal en plena guerra, ¿llegó a estar en peligro su vida?

 

-Sí, por supuesto que estuvo en peligro mi vida y no una sino muchas veces. Empecemos porque el trabajo en sí implica arriesgarse. Cuando había alerta roja por ejemplo en el aeropuerto, todos los soldados se refugiaban en los pozos de zorro. Yo y mi camarógrafo Alfredo Lamela salíamos, porque desde el pozo no se veía nada y teníamos que filmar. Ha pasado, que estábamos entrevistando a un oficial, Micheloud de apellido, que venía de atacar a los ingleses cuando empieza la alerta roja y el oficial, entrenado, se zambulle cuerpo a tierra. Nosotros que éramos civiles vimos el suelo lleno de barro y aceite y no nos zambullimos y la onda expansiva nos golpeó de lleno. Por suerte no nos alcanzó ninguna esquirla. Nuestras caras quedaron coloradas como un tomate, pero zafamos. O el último vuelo del Hércules en el que nos fuimos horas antes de la rendición, cuando ya las bengalas inglesas iluminaban el cielo sobre el aeropuerto, cuando ya estaban las piezas de artillería inglesas tratando de tirarle a la pista y había patrulla de Harriers sobre nosotros que salimos en un vuelo semi suicida y que, según nos han dicho los del radar Malvinas, nos tiraron un misil y que el piloto logró esquivarlo. Fueron muchas las situaciones de riesgo, porque se trata de una guerra obviamente.

 

 

-¿Cómo era la relación con los isleños durante el conflicto?

 

-Los isleños nos odiaban y hacían trabajos de inteligencia. Eran quintacolumnistas. Se comunicaban con la flota, y Menéndez no hacía nada para evitarlo. Se movían en sus jeeps, en sus motos. No les sacaba Menéndez sus radios, a pesar de las advertencias de los servicios de inteligencia argentinos de que estaban comunicándose con la flota.

 

 

-¿Por qué se habla tan bien del desempeño de la aviación argentina durante la guerra? ¿Cómo lograron combatir con tanta efectividad en tan malas condiciones?

 

-La aviación argentina despertó la admiración del mundo entero porque con aviones que eran modelo 50 diezmó una flota último modelo, es decir, modelo 80. ¿Qué demostró esto? Que la guerra, como lo había dicho ya el gran teórico Clausewitz no la gana aquel que tiene más armas o mejor tecnología o más hombres; la gana el que tiene la voluntad más fuerte. Y nuestros pilotos tenían una mística que los hacía letales para el enemigo. Esa mística fue forjada en la escuela de Aviación Militar donde fue muy fuerte en los años 60 la influencia de un filósofo nacionalista, Jordán Bruno Genta, que los forjó en esta suerte de fe profunda. Que ya lo dijo el poeta latino Horacio: “dulce y decoroso es morir por la patria”. Hasta los servicios de inteligencia ingleses tienen papers donde hablan del “factor Genta” en la guerra de Malvinas.

 

Ataque de la Fuerza Aérea Argentina a la fragata Broadsword. Los pilotos son Carballo y Rinke

Ataque de la Fuerza Aérea Argentina a la fragata Broadsword. Los pilotos son Carballo y Rinke.
 

-El oficial británico Herbert Jones cayó en la batalla de Pradera del Ganso abatido por un argentino. Gómez Centurión se atribuyó su muerte, pero investigaciones posteriores se la atribuyen al soldado Ledesma. ¿Cómo se explica esto?

 

-En una guerra no es como en las películas que uno sabe quién bajó a quién. Nadie sabe realmente qué bala mató a quién. Es muy difícil tener una certeza al respecto. Como cayó el teniente Herbert Jones en la batalla de Darwin-Pradera del Ganso, Gómez Centurión pensó de buena fe que él lo había abatido. Sólo muchos años después, porque las autoridades militares no investigaron nada y los gobiernos civiles posteriores tampoco, y los historiadores profesionales tampoco se ocuparon del tema, un historiador prácticamente amateur pero de gran celo, profesional y de honestidad intelectual, Oscar Tévez, estudió pozo por pozo la batalla de Darwin y llegó a la conclusión de que la confusión se debía a que Gómez Centurión abatió a otro oficial paracaidista, al teniente Barry, en tanto que el que abatió a Herbert Jones, fue justamente el soldado Oscar Ledesma, un hombre del teniente Estévez. Cuando esto se aclaró, Gómez Centurión muy noblemente en distintos programas de televisión por ejemplo el de Luis Novaresio adjudicó la baja del teniente coronel Jones a Ledesma. Y el tema está absolutamente dilucidado.

 

 

-En febrero de este año cuatro militares fueron procesados por torturas y estaqueos a conscriptos durante la guerra de Malvinas. Mientras realizaba su labor como corresponsal, ¿usted vio o escuchó algo que le hiciera sospechar de la existencia de estas prácticas? ¿Qué opina de esta cuestión hoy, 38 años después, con la información que ha ido saliendo a la luz?

 

-Yo andaba mucho entre los soldados y nunca nadie me comentó que hubiera estaqueos. Tampoco obviamente vi ninguno. Yo tenía trabas, no me dejaban circular demasiado en las zonas ocupadas por el ejército pero nunca ningún soldado me comentó nada al respecto. Después de la guerra, ahí sí, soldados que me merecen entera confianza me contaron que hubo estaqueos, lo cual por supuesto es aberrante y es ilegal porque el código de justicia militar no existe ese tipo de castigo. Pero las denuncias, con toda la furia, serán 50, ¿80? Se ha demostrado que algunas de las denuncias son truchas porque se busca una reparación económica como víctimas de la dictadura. Eso lo persiguen algunos de los soldados que son llevados de las narices por razones también ideológicas. Pero supongamos que haya habido 50, 80 casos de estaqueos sobre un universo de 10.000 soldados, es un porcentaje muy pequeño. Afortunadamente para el honor del Ejército Argentino.

 

 

El HMS Invincible era un portaaviones británico que junto con el HMS Hermes, transportaba la flota aérea disponible en Malvinas. El Invencible cargaba con 12 helicópteros Sea King, claves para las tareas terrestres en las islas, y 8 aviones a reacción Harrier, una joya tecnológica para la época, capaz de realizar despegues y aterrizajes verticales cortos. Dada la superioridad de los ingleses en materia tecnológica (no así en la calidad de sus pilotos), el HMS Invencible era un blanco predilecto para la Argentina. Es por eso que el 28 de mayo, la Armada Argentina decidió destinar el último de los cinco misiles subsónicos Exocet que poseía para sacarlo de combate. Para esta misión despegaron cuatro aviones Douglas A-A4C “Skyhawk” de la Fuerza Aérea, piloteados por los primeros tenientes José Vasquez, Oscar Castillo y Ernesto Ureta, y el alférez Gerardo Isaac; junto con dos cazabombarderos Super-Étandard de la Aviación Naval Argentina, piloteados por el capitán de corbeta Alejandro Francisco y el teniente de navío Luis Collavino.

 

 

-El último Exocet lanzado durante el conflicto generó una controversia que persiste al día de hoy. Los pilotos Ureta e Isaac afirman que el portaviones Invincible fue alcanzado por ese misil y por las bombas que lanzaron desde sus aviones, pero los británicos han negado rotundamente que esto haya ocurrido. ¿Qué opina al respecto? ¿Podría semejante secreto permanecer oculto durante tantos años?

 

-Históricamente los británicos han ocultado sus bajas, ellos protegen su orgullo nacional y admitir que nuestros pilotos habían alcanzado la nave insignia, nada menos que el portaviones que además paradójicamente se llamaba “Invencible” era insoportable para ellos. Sin embargo hay muchísimas pruebas de que fue alcanzado, más allá de si los daños fueron menores o mayores, ya el hecho de haberlo alcanzado es una proeza enorme. Hay muchas pruebas de que esto fue así. Empezando porque el día en que fue atacado el portaviones disminuyó al menos el cincuenta por ciento la actividad de los Harriers. El portaaviones regresó al puerto mucho más tarde que el resto de la flota, evidentemente fue reparado en algún lugar, y hay testimonios del príncipe Andrés de que él tuvo que zambullirse (el viajaba en el portaaviones porque era helicopterista) en un momento en que atacaban los argentinos. Hay dos testimonios del príncipe Andrés al respecto. Hace poco también un ingeniero naval contó lo que pasó cuando atacaron los argentinos el portaaviones. Pero los ingleses van a seguir ocultándolo porque ellos minimizan sus bajas. No es el único caso el del portaaviones: en muchos otros episodios de combate en Malvinas está comprobado que ellos minimizan sus bajas.

 

 

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El emotivo abrazo de los pilotos Ureta e Isaac en Río Grande, al regresar de la misión en la que se lanzó el último exocet de la guerra de Malvinas contra el portaviones Invincible. En la operación fueron abatidos los pilotos Vázquez y Castillo.

 

-¿Qué se sabe de la misión británica que se estrelló con un helicóptero en el territorio de la Isla Grande de Tierra del Fuego? ¿Qué opina del rol que adoptó Chile en el conflicto?

 

-La misión de los ingleses fracasó. Fueron “arrestados” en Chile, se encontró el helicóptero abandonado…Obviamente, el objetivo eran las bases aéreas nuestras en el continente, porque eran las que les estaban reventando la flota. Con respecto al rol de Chile, no podíamos esperar otra cosa. Hemos tenido conflictos limítrofes con Chile por espacio de más de cien años. Y nosotros, los argentinos, ¿a quién elegíamos para árbitro de esos conflictos? A la corona inglesa.

En el año 78, cuatro años antes de Malvinas, nuestros aviones de caza ya habían despegado para bombardear Chile cuando se paró el conflicto. En ese momento, nuestras Fuerzas Armadas eran muchísimo más poderosas, Chile hubiera quedado en ruinas y eso hubiera sido una tragedia. Entonces, en ese contexto no podíamos esperar que Chile nos ayudara a nosotros. Ahora bien, hay que hacer una clara diferencia: el que ayudó a Inglaterra no fue el pueblo chileno, fue un dictador, Augusto Pinochet, y no se le puede atribuir a un pueblo lo que hacen sus dictadores.

 


-¿Qué opina de la versión sobre los gurkhas que combatieron en la guerra?

 

-Los gurkhas no entraron directamente en combate. Es una de las tantas mentiras o leyendas que circulan. Porque los gurkhas fueron usados solamente como arma psicológica y muy eficaz por cierto porque se corrió la versión entre los soldados argentinos de que venían degollando los gurkhas, pero los gurkhas no entraron directamente en combate. Y quienes afirman que hubo montones de gurkhas muertos están inventando.

 

La supuesta participación de los gurkhas durante el conflicto sigue al día de hoy rodeada de controversia.
 

-¿Qué diría que fue lo que más lo marcó de la guerra de Malvinas?

 

-A mí lo que más me marcó de la guerra de Malvinas fue la admiración que me embargaba al ver los hecho heroicos de los soldados y los actos de amor al prójimo. Ver cómo se jugaban los pilotos. Esos actos de abnegación que debería conocer la sociedad argentina para cambiar, para renacer, para ser otra. Por ejemplo: actos como el de un piloto de Pucará, Miguel Ángel Giménez, el Sombra, que cada vez que había una misión decía a su jefe “no mandes a fulano, mandame a mí que soy soltero, fulano es casado", "no mandes a sutano que tiene hijos, mandame a mí que no tengo" y así salió el 28 de mayo en una misión y no volvió. Esos actos de amor al prójimo, de valentía son los que más me marcaron.

 

 

-El comandante de la fuerza de tareas británica, almirante Sandy Woodward, declaró años después del conflicto que Argentina estuvo muy cerca de ganar la guerra. ¿Qué opina usted de esto?

 

-El almirante Woodward en plena guerra, el 14 de junio (están los videos donde él lo cuenta), anota en su diario que si los argentinos en ese momento pudieran soplarlos se derrumbaba la flota. En varias oportunidades, en su diario de guerra que fue reproducido en el libro que se llama “Los cien días” en la versión en castellano, él dice que se está quedando sin buques por los ataques de la aviación argentina. Todos los altos jefes militares ingleses dicen que estaban a punto de retroceder, que no daban más. Esto que escribe Woodward el 14 de junio lo dice el día en que Menéndez se rinde, sin haber dado nunca ni una orden de ataque ni de contraataque, porque Menéndez no se rindió en realidad el 14 de junio: ya llegó rendido a las islas.

 

 

-¿Qué misterios, intrigas e interrogantes quedan sin resolver de la guerra de Malvinas?

 

-Hay muchos misterios por develar. Uno de ellos podría ser cuál fue el motivo de la conducta pasiva del general Menéndez. Algunos dicen cobardía, otros dicen tontería, y unos terceros dicen traición.

 

La rendición argentina se produjo el 14 de junio de 1982.
 

 

-¿Usted conserva material de la guerra que no se haya publicado aún? ¿Cree que existe más material en algún lugar?

 

-Yo no me guardé absolutamente ningún video. No tengo nada de eso. Creo que ha sido destruido como me dijeron mis compañeros de Canal 7 porque si no hubiera sido destruido después de 38 años algo hubiera aflorado. Sí conservo fotos mías, personales, tomadas con mí cámara personal de las cuales usé una parte para hacer mis libros y tengo algunas que todavía son inéditas.

 

 

-Luego de finalizado el conflicto hubo numerosos casos de combatientes argentinos que se reunieron con pares británicos. Enemigos que habían intentado quitarse la vida unos a otros lograron desarrollar sentimientos de camaradería y hasta amistad entre ellos. Desde su experiencia, ¿cómo explica esto?

 

-Los combatientes cumplían su deber. Defendían cada uno a su patria. Y fue una guerra prácticamente sin odio. Con los excesos inevitables en toda guerra porque la guerra es barbarie. Pero hasta hubo un congreso en Trieste, hace ya bastantes años, en el que una de las ponencias era que la guerra de Malvinas fue la última guerra con códigos caballerescos propios del siglo XVIII. Así que, que se reúnan los ex combatientes de ambos bandos no me llama para nada la atención. Es más, los jefes militares ingleses y los combatientes rasos ingleses se han llenado la boca y se siguen llenando la boca de admiración por la manera en que combatieron nuestros soldados. Lo cual contrasta mucho con lo que se dice de nuestros soldados en nuestro propio país, muy lamentablemente.

 

 

-¿Por qué ha habido tantos suicidios entre los excombatientes, tanto argentinos como británicos?

 

-No conozco la situación de los combatientes británicos como para opinar de ellos. Pero yo creo que los suicidios en el caso argentino se debieron, primero, al abandono del Estado, porque cuando volvieron no se les dio ningún tipo de apoyo ni psiquiátrico ni psicológico ni laboral…se los ninguneó, se les dijo la enorme mentira de que fueron a la guerra por un general borracho. Galtieri probablemente tendría que haber sido fusilado por otros motivos, pero no era beodo, y esto se inventó justamente para quebrarle la autoestima a los argentinos en general y a los combatientes en particular. Estuvieron abandonados por el régimen militar, los escondieron apenas llegaron, después siguieron abandonados por el presidente Alfonsín. Cuando grupos de combatientes le pidieron a Alfonsín ayuda para los soldados que habían vuelto de Malvinas, Alfonsín contestó “que se la pidan a quienes los mandaron a la guerra”. Muy humanitario, Alfonsín. Y ese abandono, obviamente hizo que se desarrollaran síndromes de stress post traumáticos bastante crudos, difíciles, que a muchos los llevaron al suicidio.

 

 

-¿Cómo se adapta un excombatiente a la vida de posguerra? ¿Existen ejemplos de políticas de reinserción exitosas?

 

-Fueron muchos los excombatientes que se reinsertaron sin ningún problema en la vida de la posguerra. Todo depende también de la contención familiar, no la hubo del estado pero sí la hubo en muchos casos de la familia, de la formación que habían recibido, del núcleo de amigos, de también capacidades por ahí innatas. Hay gente que nace más resiliente que otra. Pero hay muchos ejemplos de combatientes muy talentosos y muy exitosos en sus vidas civiles después de la guerra.

 

El Teniente Primero Carlos Daniel Esteban, con 28 años, comandó la única unidad del ejército, de tan sólo 60 hombres, que luchó en San Carlos contra la cabecera de playa británica de 2.500 hombres. Por sus acciones durante la guerra recibió la Medalla al Valor en Combate.

 

-Al finalizar la guerra se mantuvo un largo halo de silencio sobre el conflicto. En los últimos años se ha visto una revalorización tanto de la causa Malvinas como de la figura del ex combatiente argentino. ¿Para usted por qué ha ocurrido esto?

 

-Al terminar la guerra, comenzó la “desmalvinización”, que es una forma de censura en la cual se podía hablar de las miserias de la guerra de Malvinas nada más y no de las grandezas, o sea de los hechos heroicos, y entonces los combatientes se replegaron sobre sí mismos durante décadas. Ningún combatiente quería hablar de lo que había experimentado por la mala onda que había en la sociedad contra ellos. Ése fue el motivo por el cual durante tanto tiempo no hablaron. Recién veintipico de años después se lanzaron a hablar, y poco a poco se fue abriendo camino la verdad. Ahora hay, sí, un cambio bastante importante con la irrupción de los medios sociales. Ahora los combatientes, los que saben lo que pasó en la guerra, pueden llegar a decenas de miles de ojos y oídos sin pasar por los medios hegemónicos: pueden llegar por Twitter, por Instagram, por Facebook, inclusive por las páginas donde escriben los lectores. Esto sumado a que ha crecido una nueva generación, que no está enredada en los enfrentamientos del pasado o que la hojarasca ideológica del pasado no les ciega los ojos, hace que la verdad sobre lo que pasó en Malvinas trabajosamente todavía se esté abriendo paso. Lo que ocurre es que tendría que ser el Estado el que cuente toda la verdad, pero el Estado no cumple esa misión.

 

 

-Usted es una figura controversial, es valorado por excombatientes y al mismo tiempo criticado por su rol público durante la guerra. ¿Cómo cree usted que lo juzgará la historia, si se puede permitir el término?

 

-¿Yo una figura controversial? A mí me critican los que no me conocen, los que no estuvieron en Malvinas, los que no saben lo que hice allá. Los soldados que saben sí me quieren y mucho porque además los ayudé durante la guerra todo lo que pude. Yo voy a entrar en la historia como una especie de Ulrico Schmidl de las Malvinas, el primer historiador que ha registrado la Argentina. Para decepción de muchos que quieren mostrar Malvinas como lo que no fue, como esa historia gris y triste que nos vendieron que estábamos de antemano condenados a la derrota, que mandamos chicos a la guerra, y toda esa cantidad infinita de ideas falaces que primero impulsó Inglaterra y que después consciente o inconscientemente acá la adoptaron muchos que carecían de cerebro o de honestidad. Eso es lo que va a quedar mío. Yo soy un testigo incómodo. Yo soy una piedra en el zapato de los que quieren contar una versión sesgada de la guerra de Malvinas. Yo en mis libros, en mis participaciones en charlas, en mis videos cuento todo, lo bueno, lo malo y lo feo. Y a mí no lograron acallarme y no van a lograr acallar nunca lo que digo porque aún después de muerto seguiré hablando a través de mis libros y de mis videos.

 

 

Tras largas décadas de olvido, las Malvinas siguen siendo una herida abierta en la conciencia argentina. Aún hoy aquella época continúa siendo materia de ásperas discusiones, y la figura de Nicolás Kasanzew, como testigo directo, no es la excepción. Querido por unos, y resistido por otros que tienen una visión distinta de los hechos. Casi cuarenta años después, el debate aún sigue abierto. 

 

Por: Fernando Chiesa y Hernán Duarte

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