domingo 05 de diciembre de 2021

Noticias | 18 nov 2021

Coronavirus

Alejandra Gurtman, la médica de la UBA detrás de la vacuna Pfizer: “En Argentina trabajaron a un nivel espectacular”

Es una de las cabezas de la farmacéutica estadounidense desde 2005. Promovió que en el estudio para la vacuna del COVID -que tiene el 95% de eficacia- participaran argentinos.


Sabía que su papá era doctor y que atendía pacientes en el consultorio de su casa. Pero fue un día en el que su papá la tomó de la mano y juntos caminaron por los pasillos del hospital Posadas, donde él también ejercía la medicina, que se dio cuenta que iba a ser médica. Tenía 5 años.

Alejandra Gurtman revive ese instante de revelación con una emoción tan profunda que se siente a miles de kilómetros de distancia. La charla es por zoom y responde desde su oficina de Pfizer, la empresa farmacéutica estadounidense donde trabaja desde hace 16 años y hoy es vicepresidenta de investigación y desarrollo de vacunas.

Esta médica argentina que se recibió en la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto a otro médico argentino, Fernando Polack (creador de la Fundación Infant, dedicada a enfermedades respiratorias graves en niños), fueron claves en el desarrollo de la exitosa vacuna de Pfizer contra el COVID 19 que hoy se aplica en el mundo entero.

Polack estaba colaborando con Pfizer en el desarrollo de otra vacuna cuando estalló la pandemia. Entonces Polack propuso ayudar. Gurtman aceptó y la Fundación Infant reclutó a casi 6000 voluntarios, que recibieron las inyecciones en el Hospital Militar de Buenos Aires. El 18 de noviembre -justo un año atrás- se confirmó que tenía un 95% de eficacia.

 

De pediatría a infectología

Alejandra quería ser pediatra para atender chicos, "porque los chicos me encantan", sonríe. Pero en quinto año, y como parte de la práctica, tuvo que ir al hospital Durand. "Cuando entré a la sala pediátrica me llevó un milisegundo darme cuenta que nunca iba a poder ser pediatra. Ahí estaban los chicos enfermos, y ver a las madres y a los padres... se me llenaron los ojos de lágrimas... Esa fue mi primera crisis profesional, llegar a quinto año de medicina pensando que iba a hacer algo y darme cuenta que no lo iba a poder hacer", explica.

En ese momento, y por el interés que le provocaba el tema, decidió que seguiría infectología. Terminó la carrera en la facultad y empezó la residencia en el Instituto Modelo del hospital de Clínicas. Entonces, de nuevo, su padre: "Mi papá en los años 50 se había ido a Estados Unidos a hacer un training, y siguiendo sus pasos fui a hacer un training en infectología a Estados Unidos. La verdad es que cuando me fui no tenía un panorama claro. Hice una rotación como residente, hice un fellowship en enfermedades infecciosas porque llegué a Nueva York en un momento en el que la epidemia de HIV estaba empezando".

Era 1987, Alejandra andaba por sus veintipico, estaba sola y descubrió que había una gran cantidad de pacientes que eran latinos, y no tenían quién hablara español y los entendiera. "Fue una combinación de estar en el momento y el lugar adecuados, una suerte, me quedé muchos años en Nueva York".

Hizo así su formación postdoctoral como becaria e investigadora principal de enfermedades infecciosas en la Escuela de Medicina Mount Sinai en Nueva York. Fue miembro de la Facultad de Medicina de Mount Sinai durante varios años. 

Empezó con estudios clínicos, que eran sobre HIV, cuando todavía no había ninguna medicación. Participó del primer estudio de AZT (el primer medicamento antirretroviral) contra placebo y después desarrolló el programa de Medicina del Viajero de Mount Sinai, "y descubrí un gran amor y una pasión por las vacunas". Las vacunas la hicieron dejar a los pacientes y a la academia.

En Estados Unidos conoció a quien sería su marido, también médico, también argentino, también estaba haciendo un training. Se casaron, tuvieron dos hijos. El mayor tiene 28 años y es actor. La más chica tiene 26 y es psicóloga.

 

Rol clave en la pandemia

-¿Qué siente haber formado parte de un equipo que desarrolló una vacuna contra el COVID?

-Hace 16 años que trabajo exclusivamente en el desarrollo de vacunas, y lo de esta vacuna de COVID fue un avance de la ciencia y por siempre va a ser parte de la historia, así que para mí es un privilegio haber sido parte de esa historia. Además, es inexplicable la sensación de trabajar con Argentina, es muy importante para mí. Trabajé muchos años con personas de Argentina por el HIV, y siempre tengo la inquietud de trabajar con Argentina, como una forma de dar, porque aunque esté en Estados Unidos es un orgullo ser argentina.

-Orgullo doble haber trabajado con Polack, otro argentino...

-Con Fernando trabajamos mucho juntos, por el virus sincicial respiratorio (el virus que provoca la bronquiolitis, que es una de las mayores causas de mortalidad infantil). Una noche del verano de 2020, hablando con Fernando empezamos a pensar qué podíamos hacer... y así fue que se organizó el estudio. Argentina aportó 6000 de las 46 mil personas que participaron del trabajo, y fue un lujo, porque en Argentina trabajaron en un nivel espectacular, al mismo nivel que en Estados Unidos, y para mi fue muy importante. Ese fue el estudio que publicamos en noviembre y después trabajamos con adolescentes, que fue el estudio que publicamos en abril. Debo decir que mi marido ha tenido una paciencia infinita porque se la bancó solo durante muchos meses porque yo trabajé mucho mucho.

-¿Qué opina del futuro de las vacunas?

-El futuro de las vacunas es espectacular porque vamos a usar las nuevas tecnologías para desarrollar vacunas mucho más rápido. Lo que tardaba 14, 15 años en hacerse se va a hacer en un par, y el impacto en la salud publica es muy impresionante, así que tengo un futuro muy largo, porque las vacunas funcionan y tienen un gran impacto en la salud pública.

 

Mujeres en la ciencia

-¿Qué piensa de la brecha de género en las ciencias? 

-Ha habido un progreso muy importante en los últimos años en la brecha de género. Creo que muchos de los paradigmas cambiaron y se permite a las mujeres avanzar mucho más, sin embargo todavía la brecha sigue siendo bastante importante. Estamos en el camino adecuado y apropiado, aunque todavía hay pocas mujeres en la academia, o que estén a cargo de un servicio o al frente de instituciones. Cuando estudié en Argentina ya había muchas mujeres en la facultad, no sentí la brecha en ningún momento como estudiante de medicina ni como residente, pero sí es verdad que todos los profesores eran varones, y todavía hoy sigue habiendo más varones. Las mujeres estamos en el camino adecuado pero hay desafíos importantes.

-¿Cómo es la inclusión en su trabajo?

-Pfizer es una organización que determinó prioridades importantes, que es mucha inclusión, y donde hay un entendimiento básico, que es que debe haber mujeres en lugares importantes. Por ejemplo mi jefa, la persona que está a cargo de las vacunas en Pfizer, es una mujer, y es una líder impresionante. Igual es cierto que todavía seguimos con el estereotipo de lo que es ser mujer en determinados puestos. Las mujeres que tienen habilidades y son líderes aún tienen que estar luchando con el carácter que tienen, si son amables, cálidas, si están a la altura, si tienen los atributos de un hombre... es decir, se sigue luchando contra el estereotipo. Y todavía hay una brecha importante en cuanto a la familia, porque si bien, como yo, que tengo un marido que desde el primer momento hacemos las cosas 50/50, el tema de la maternidad y tener que tomarse un par de meses, es algo difícil de resolver. Y el cuestionamiento permanente de querer tener una familia y también poder tener una carrera sigue siendo un tema importante. A veces yo honestamente me plantee si podía hacer las dos cosas bien, que es como yo quiero hacer las cosas. Ser la mejor madre que pueda y la mejor médica que pueda, y las exigencias son tantas que el precio es muy alto. La exigencia personal y de la sociedad de cómo medimos el triunfo es grande, porque todavía se mide con ojos de hombre y no de mujer.

- La desigualdad histórica lleva a la autoexigencia.

-Sí, todavía siento que estamos en eso de justificar, de tener que trabajar más y tener que demostrar constantemente que podés. Yo me lo planteo constantemente porque a mi me pasó como migrante, y es lo que pasa con las minorías. En carreras como en las ciencias, que las mujeres siempre fueron minoría, pero soy optimista porque está cambiando. Y con respecto al sueldo en mi grupo estoy segura que es así, en Pfizer ha cambiado porque he preguntado y los sueldos son parecidos, hay igualdad en los sueldos.

-La pandemia provocó un gran retroceso para las mujeres.

-Sí, acá en Estados Unidos en los últimos 14 meses hay una conversación muy importante en cuanto a cómo la pandemia nos ha sacado años de avance a las mujeres, porque con la pandemia se han cerrado las escuelas y las guarderías y los colegios y las exigencias cayeron en las mujeres, que tuvieron que dejar sus trabajos. La situación de las mujeres retrocedió unos 40 años, hay investigaciones que dicen eso. Y la violencia contra las mujeres también aumentó muchísimo. 

¿Cree que es positivo que en todos los ámbitos haya mujeres? ¿Qué aportan sus miradas?

-Claro. ¿Qué es lo que no le aporta? ¿Por qué tenemos que hacerlo diferente? Tenemos la misma capacidad, la misma inteligencia. Por ahí tenemos una perspectiva de emoción, de la buena, no la del estereotipo. En Estados Unidos hay muchos estudios que dicen que una persona atendida por una médica tiene mayor sobrevida que si es atendida por un médico. La conversación tiene que ir sobre lo que trae la mujer, todavía existe ese estereotipo desde que somos chiquitas, como si fuera algo predeterminado que dice cuál es la ruta que va a ser para las mujeres y cuál para los varones. Pero espero que ya esté cambiando desde la escuela, con la idea que lo que querés hacer lo podes hacer. Hay mujeres en política, en Argentina estuvimos a la vanguardia en eso, y en ciencia y tecnología también tiene que ser así, no tiene que haber diferencias.

-La educación es fundamental para terminar con la desigualdad de género.

-Tal cual, si, y espero que todos los estereotipos vayan desapareciendo. Para mi, en mi carrera lo más importante es saber que puedo ser un modelo para la gente que trabaja conmigo y que la relación sea bien directa, porque poder escuchar experiencias es muy bueno. Tenemos que seguir hablando de este tema, del lugar de la mujer, para asegurarnos que va a cambiar,

Fuente: Clarín

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