Una vez más nos zambullimos en la polémica de apertura versus empleo. Cada semana vemos ejemplos de importaciones que suben e industrias que se achican o cierran. Este debate es quizás uno de los más importantes que enfrentamos, por la importancia que tiene el comercio internacional en la productividad de una economía y porque Argentina sigue siendo una economía muy cerrada.
Ahora bien, más allá de las ideas que cada uno tenga, para mejorar la calidad de la discusión es preciso tener en cuenta la historia real de las importaciones, poniendo las mismas en perspectiva histórica, cosa que intento hacer en el cuadro.
Tomé los últimos 50 años (1975-2025), para abarcar todo el período desde que supuestamente comenzamos a abandonar la política de industrialización por sustitución de importaciones. Las expreso por habitante y en dólares constantes para contemplar el aumento de la población y la inflación en dólares. Se muestran además divididas por su uso económico, tal como las reporta el Indec y de acuerdo a las clasificaciones internacionales.
Después de repasar los datos, termino con algunas opiniones sobre la coyuntura.
El brusco abaratamiento actual de las importaciones es la contracara del extravagante encarecimiento de 2021 a 2023, fruto de las brechas cambiarias enormes junto con la incertidumbre sobre la posibilidad misma de poder importar (a lo que habría que agregar los millonarios peajes para conseguir las SIRAS).
Esto permitió márgenes muy altos para los privilegiados que podían importar al dólar oficial que luego se derritieron cuando desaparecieron estas prácticas nefastas (brecha y discrecionalidad). Varias medidas que se tomaron a partir del 2024 están potenciando esta baja de precios: disminución de la sobretasas de IVA y Ganancias, reducción de impuestos internos y de algunos aranceles.
Este es el shock de precios que hoy sufren unas empresas y disfrutan todos sus clientes, entre los que se encuentran las industrias que utilizan máquinas e insumos importados (casi todas).
En cuando a la supuesta apertura indiscriminada que estaríamos atravesando hay que recordar que dentro del Mercosur son muy bajos los grados de libertad que Argentina tiene para abrirse por si sola. El Arancel Externo Común es una de las barreras más altas del planeta.
Están permitidas las acciones que está llevando a cabo el gobierno para facilitar el comercio: quitar trabas para arancelarias (como la licencias no automáticas o aprobaciones técnicas), reducir otros impuestos específicos y agilizar trámites. Pero mientras estemos adentro de esta fortaleza del cono sur no hay ningún riesgo de cambios extremos ni rápidos.
Por último, y ampliando la perspectiva, hay que tener siempre presenta que la evasión fiscal es una de nuestras principales dolencias. Las elevadísimas alícuotas en el IVA, Ganancias y Cargas Sociales son hijas de la evasión generalizada. No vamos a poder disminuir alícuotas en serio si no aumenta la proporción de los que pagan.
Es un problema de muy difícil solución y no hay ninguna bala de plata para arreglarlo sino la suma de medidas coherentes y persistentes. En ese sentido, una mayor integración internacional no solo sería muy positiva para el desarrollo por los efectos tradicionales del librecambio, sino que también actuaría como un gran catalizador a favor de la formalización: comprar y vender en negro es mucho más factible en el mercado interno que en el comercio exterior. El paso por la Aduana es un filtro blanqueador.
Una mayor apertura es una de las principales reformas estructurales que tenemos por delante. Los beneficios sobrepasaran con creces a los costos, más allá que estos sean dolorosos para muchos. Pero no hay que confundirse observando solo pérdidas de empleo en una empresa o en un sector. El nivel de ocupación depende del nivel de actividad general.
Por lo tanto, el crecimiento es el único elixir que puede hacer menos traumática la transición. Con expansión de la economía habrá más empleo, se podrá seguir alimentando la esperanza y la reconversión podrá ser política y socialmente sostenible. Por el contrario, sin crecimiento no habrá cambio cultural que aguante.