La comida en el ámbito laboral dejó de ser una práctica garantizada para convertirse en un indicador claro de la caída del salario en la Argentina. Según el informe "La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina", elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA junto a Edenred, el escenario es crítico: apenas el 16,5% de los trabajadores está libre de privaciones alimentarias.
Noticias | 11 Mar
Sociedad
Comer en el trabajo es un privilegio: muchos trabajadores saltean comidas por falta de dinero
Un informe de la UCA reveló que hoy en día los empleados optan por alimentos económicos y poco saludables en el trabajo y casi la totalidad de ellos exigen que el empleador los ayude con el gasto.

La vulnerabilidad alimentaria afecta al 83,5% de los trabajadores. Los jóvenes son los más perjudicados por los salarios bajos.
El estudio, basado en una encuesta a 1.171 empleados, detalla que el 83,5% restante padece algún grado de vulnerabilidad alimentaria, ya sea por restringir porciones o por resignar la calidad nutricional de lo que consume. Un dato que ilustra la gravedad de la crisis es que el 61,1% de los asalariados reconoce haberse salteado alguna comida durante su jornada por falta de dinero, una cifra que escala al 70,7% entre los jóvenes de 18 a 29 años, quienes perciben los sueldos iniciales más bajos.
Asimismo, el 78,5% de los encuestados tuvo que optar por opciones más baratas para poder comer. Ianina Tuñón, investigadora de la UCA, advirtió al respecto: "Esta cifra pone de manifiesto que, para la mayoría de la fuerza laboral, los ingresos no logran cubrir los costos de alimentación durante la jornada, obligándolos a sacrificar su bienestar nutricional como mecanismo de ajuste frente al costo de vida actual". Actualmente, almorzar representa un gasto diario de entre $5.001 y más de $10.000 para un 43,9% de los empleados y un 20% supera los $10.000.
Un reclamo unánime: el 80% quiere que su empleador contribuya
Frente a este escenario, existe una demanda social masiva: el 80,4% de los trabajadores sostiene que el empleador debería otorgar un aporte para la alimentación con libertad de elección. Este reclamo es casi unánime y alcanza su pico máximo del 91,5% entre quienes ya sufren las peores condiciones (saltear comidas y comer mal), y es particularmente fuerte en el sector de la construcción y entre la población joven.
“Los resultados de este estudio confirman que la alimentación durante la jornada laboral es una preocupación estructural para los trabajadores argentinos. Antes de pensar en soluciones, quisimos medir con rigurosidad qué estaba ocurriendo y escuchar la voz de quienes viven esta realidad todos los días”, expresó Bárbara Granatelli, directora de Asuntos Públicos de la firma colaboradora, que además señaló que el resultado no es solo una estadística, sino una urgencia: “Que 8 de cada 10 asalariados manifieste querer un aporte de su empleador para la alimentación, con libertad de elección, no es solo un dato: es una señal clara de que existe una demanda concreta, transversal y urgente”.
Desigualdad: el lugar de trabajo y la geografía del país
La brecha de consumo también tiene una dimensión geográfica y sectorial muy marcada. El 22,6% de los trabajadores argentinos no come nada durante sus horas de trabajo. Esta realidad afecta principalmente al Noreste argentino (NEA), en donde la mitad de los trabajadores declara no hacerlo. Este caso también predomina en pequeñas empresas y en el sector público. La falta de infraestructura, como heladeras o microondas, aumenta el salteo de comidas al 72,0%.
Actualmente, el acceso a beneficios alimentarios es regresivo, ya que el 55,6% de los asalariados no recibe ninguna ayuda de su empleador. Mientras que solo el 23,8% de quienes ganan más de $2.000.000 considera su dieta poco saludable, esa percepción sube al 41,8% en quienes ganan hasta $800.000.
El informe concluye expresando: "Mejorar la alimentación laboral es, en definitiva, mejorar la calidad del trabajo y, por extensión, la salud colectiva. Los datos advierten la necesidad de un cambio de paradigma: dejar de ver la comida laboral como un beneficio discrecional para entenderla como un pilar del bienestar y la productividad".
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