El Gobierno comunicó hoy, a través de la Cancillería, que el país abandonó su silla como miembro pleno de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tal como lo había anunciado hace un año. Continuará, sin embargo, su participación en la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en alineación con los Estados Unidos.
Mario Lugones, ministro de Salud de la Nación, ya había defendido la postura oficial: “Salir de la OMS no significa salir de la OPS, que es preexistente y depende de la Organización de Estados Americanos (OEA)”, dijo el año pasado, al conocerse que el país iniciaría las presentaciones formales ante la organización mundial, con sede en Ginebra, para su retiro. Luego de la confirmación de parte de la Cancillería a través de la red X, en la cartera sanitaria ratificaron lo ya declarado en aquel momento.
El país había adherido a la constitución de la OMS en 1948 y, mediante ese acuerdo, contrajo obligaciones en cuestiones de salud pública, por lo que se esperaba que el proceso no fuera inmediato y, como anticipó este diario en febrero de 2025, demandara, por lo menos, un año.
En aquel momento, en concepto de cuota y contribuciones, el país abonaba a la OMS $ 1.248.740.889 y, a la OPS, $ 406.489.472, de acuerdo con la previsión presupuestaria declarada en 2024. Al 30 de enero del año pasado, justo antes del anuncio de que la Argentina abandonaría la OMS, la deuda con la OPS ascendía a un total de US$ 10.176.812 por tres cuotas acumuladas desde 2023, de acuerdo con información de la oficina local de ese organismo.
“La salida de la OMS no compromete ningún programa de salud nacional”, expresaron desde el Ministerio de Salud nacional. De hecho, el trabajo con la OPS a través de su sede en el país se intensificó con el gobierno libertario.
Pero, ¿es tan así? De la relación con la OMS, como lo habían explicado exfuncionarios nacionales consultados, surgía la posibilidad de coordinar acciones con otras regiones, no solo con América Latina, Estados Unidos y Canadá, que integran la OPS. También, se recibe asistencia técnica a través de la oficina regional que, en muchos casos, tiene financiamiento de la OMS a partir de las cuotas que abonan los estados miembros. En el presupuesto oficial, de hecho, figuraba hasta el año pasado financiamiento para el trabajo de la Red de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos, además de la entrega de algunos insumos a la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS Malbrán).
Sin embargo, desde Salud habían insistido desde un primer momento en que la cooperación internacional no se interrumpiría y que “la realidad es que Argentina no recibe financiamiento directo de la OMS”, mientras que los proyectos de cooperación técnica con fondos externos se gestionan a través de la OPS.
Con la OPS, en tanto, se mantiene una relación activa en asesoramiento técnico y formación de recursos humanos, como en el caso del dengue, en entrenamiento de recursos humanos para la vigilancia epidemiológica y la carga de datos en el sistema nacional de vigilancia sanitaria o la compra de gran parte del calendario nacional de vacunación y medicamentos de alto costo. Eso los países de la región lo hacen a través de un Fondo Rotatorio y un Fondo Estratégico: a partir de lo que cada país miembro solicita, la OPS negocia con la industria farmacéutica por volumen y a precios mucho más bajos que los que un solo país o un grupo de países podrían conseguir.
“Salir de la OMS para un país implica estar fuera de las políticas sanitarias globales, marcos regulatorios y el Reglamento Sanitario Internacional, la preparación coordinada para pandemias, las innovaciones; también, ser parte de la agenda sanitaria mundial con alguna influencia mínima. ¿Son organizaciones perfectas? No, tienen sus grandes limitaciones, con errores estratégicos como pudimos ver con el manejo de la pandemia de Covid”, había considerado Adolfo Rubinstein, exministro de Salud de la Nación y, ahora director del Centro de Implementación e Innovación en Políticas de Salud (Ciips) en el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS). En mayo de 2019, durante su gestión, el país había ingresado al grupo de 36 estados que la OMS certificó libres de malaria y también era parte del Comité Directivo de ese organismo mundial.
Por fuera de la preocupación por la gestión de las enfermedades transmisibles emergentes, que es lo que más preocupa tras la experiencia internacional con Covid, por ejemplo, hay otros desafíos globales que demandan un debate técnico más allá de lo regional, como los recursos humanos en salud o las migraciones, entre tantos más.
Para dejar de ser parte de la OMS, de acuerdo con los compromisos adquiridos, el proceso no sería tan simple ni rápido como se transmitió en la conferencia de prensa en Casa de Gobierno. Es probable que esta medida oficial tenga que ser analizada también por abogados constitucionalistas y hasta por el Congreso.
¿El país puede salir de la OMS y seguir siendo estado miembro de la OPS? Sí, eso es posible, de acuerdo con la mayoría de las fuentes consultadas y el Ministerio de Salud de la Nación, porque la OPS es preexistente del organismo mundial y lo representa en la región a través de acuerdos celebrados entre ambos.
Uno de los ministros provinciales con los que había dialogado LA NACION tras el anuncio oficial, que expresó su desacuerdo, también consideró que se trató de un anuncio de alto impacto político, pero que, en realidad, el Gobierno dejó a resguardo gran parte de la asistencia técnica y de adquisición de insumos y medicamentos que recibe en su relación con la OPS.