Dominar la mente y aventajar a la mayoría no es un mito: es el resultado de forjar hábitos concretos orientados a la acción y la ética práctica. Así lo plantea José Antonio Marina, filósofo y pedagogo, en una entrevista en el podcast Tengo un Plan, donde expone 14 hábitos esenciales para desarrollar una inteligencia eficaz, abordando las rutinas, obstáculos y valores que permiten transformar el potencial humano en resultados tangibles.
Según Marina, los hábitos capaces de poner a una persona por delante del 99% de los demás incluyen, entre otros, razonar con precisión y entrenar la memoria. Asimismo, resalta la importancia de diferenciar hechos de opiniones y de enfrentarse tanto a la pereza como al miedo, para activar el máximo potencial intelectual y ético.
En su conversación en Tengo un Plan, Marina distingue la inteligencia humana de la artificial, y afirma: “La gran creación de la inteligencia no es la ciencia, ni el arte, ni la política, es la bondad”. Mientras la IA procesa datos a gran velocidad, el cerebro humano añade valores y orienta sus acciones hacia la dignidad y la felicidad de las personas.
Para Marina, el verdadero objeto de la inteligencia consiste en diseñar vidas valiosas y construir sociedades en las que la ética pública promueva la convivencia y el bienestar.
“La inteligencia termina en la acción, no termina en un razonamiento”, explica el filósofo. Pone énfasis en que la excelencia intelectual solo se prueba transformando ideas en hechos, ya que incluso quienes razonan brillantemente pueden fracasar si la pereza o el miedo les impiden actuar. Es por eso que juzga la inteligencia observando sus frutos en la realidad y no solo en los resultados académicos.
Marina insiste en que la inteligencia no debe medirse solo por el coeficiente intelectual, que “mide cómo realizamos ciertas operaciones en relación a una media poblacional”, según subraya a Tengo un Plan. Según él, este indicador no predice la capacidad de resolver problemas reales ni de llevar el conocimiento a la práctica: “Puede haber personas con razonamientos brillantes incapaces de transformar ideas en hechos”.
Esta visión ubica el valor de la inteligencia en la acción práctica. Para Marina, lo esencial es “saber elegir metas que valgan la pena y tener la valentía de implementarlas”. Y agrega: “Una inteligencia que tiene la suficiente perspicacia para saber cómo resolver los problemas de la felicidad pública y la valentía para llevarlos a cabo demuestra su verdadero potencial”.
Para José Antonio Marina, la pereza y el miedo son los principales adversarios del desarrollo intelectual. Ambos obstáculos, advierte, adquieren formas sofisticadas en la era digital, donde es fácil recurrir a soluciones rápidas y caer en la pasividad.
Según José Antonio Marina, la pereza no solo implica falta de esfuerzo, sino que limita el aprendizaje real, favorece la manipulación y reduce la autonomía personal. Por eso, recomienda a padres y educadores enfrentarla de forma activa: hacer visibles sus consecuencias y reforzar la motivación a través de pequeños logros que impulsen el progreso. “La pereza es muy cómoda, pero trae malísimas consecuencias”, advierte.
En cuanto al miedo, José Antonio Marina advierte que puede paralizar y frenar decisiones clave. Sin embargo, aclara que no es un obstáculo fijo: “Nuestro miedo a una situación disminuye cuando nuestra capacidad de enfrentarnos a la situación aumenta”.
Por eso, recomienda generar experiencias graduales de superación, especialmente en jóvenes y niños, para fortalecer la autoconfianza y reducir la sensación de vulnerabilidad.
Razonar correctamente y dominar la memoria figuran entre los pilares fundamentales de la inteligencia, según Marina (Imagen Ilustrativa Infobae)
En el método de José Antonio Marina destacan los 14 hábitos básicos para fortalecer una inteligencia superior:
Cada uno de estos hábitos, aclara Marina en Tengo un Plan, puede entrenarse de forma consciente desde la infancia hasta la madurez.
El especialista subraya que el progreso sostenido requiere un enfoque gradual y realista. Para lograrlo, aconseja fijar metas alcanzables y dividir los desafíos más grandes en etapas intermedias que permitan avanzar sin frustración. “Cuando la meta es lejana y veo que no progreso suficiente, pues me desanimo”, explica José Antonio Marina.
Por eso, propone descomponer los objetivos en pasos más pequeños, de modo que cada avance genere un refuerzo inmediato y mantenga la motivación.
“Lo que tienes que hacer entonces es dividirlas en pequeñas metas para que quien va a emprender una meta larga, sin embargo, pueda empezar a tener ya pequeños premios inmediatos”, señala. Marina recalca que experimentar el éxito merecido alimenta la motivación y predispone para aceptar nuevos retos.
Este planteamiento, dice el pedagogo, es útil para combatir la “pereza aprendida” y permite que cada persona progrese conforme a sus capacidades específicas.