domingo 05 de diciembre de 2021

Noticias | 24 oct 2021

Solo 1 cada 2.442 turistas chinos viene a Argentina

El especialista en Desarrollo Regional Juan Martorell explica que si Argentina hubiera tenido los ingresos por turismo chino de Australia, las crisis cambiarias y devaluaciones de los últimos 10 años con su consiguiente impacto inflacionario se habrían evitado.


Por Juan Martorell, especialista en Desarrollo Regional

 

En 2019 170.000.000 de chinos continentales y 17.000.000 de chinos taiwaneses viajaron al extranjero.  El mismo año 76.569 ciudadanos chinos visitaron Argentina, la mayoría no como turistas sino por negocios.  Solo 1 cada 2.442 viajeros chinos visitaron Argentina, la mayoría por negocios o visita a amigos y familiares por lo que ni siquiera son turistas en sentido estricto, siendo el turismo “la actividad o hecho de viajar por placer”; lo que en las estadísticas nacionales se agrupa en el agregado de vacaciones/ocio.

 

De los 26.778.000 pasajeros que usaron los aeropuertos de Buenos Aires (prácticamente única puerta de entrada al país siendo los vuelos desde el interior hacia el extranjero marginales y básicamente de salida) tan solo 2.717.928 eran residentes en el extranjero, de los cuales no pocos argentinos.  Sin embargo, 553.105 vinieron por negocios y 631.268 a visitar familiares o amigos, éstos sin duda visitarían el país independientemente de la estrategia de desarrollo turístico receptivo, de producto, y de marketing que tengan los diferentes organismos estatales, agencias de viajes y aerolíneas.

 

Tan solo 1.376.519 fueron turistas reales, turistas en sentido estricto siendo turismo (repetimos) “actividad o hecho de viajar por placer”; el minúsculo 5% de los pasajeros del sistema aeroportuario de Buenos Aires.

 

A excepción de un breve período, hace ya un siglo, en el que el país era destino de turismo aristocrático y de alta burguesía europea, Argentina nunca tuvo vocación turística.  Solo nos acordamos del turismo receptivo cada vez que hay crisis de deuda o el déficit comercial trastoca las cuentas públicas.  Los diferentes niveles del estado jamás tuvieron una estrategia sólida de desarrollo turístico receptivo, e incluso hubo una gran negligencia con el turismo interno por la cual generalmente fue más barato vacacionar en Brasil o Chile que a en Patagonia, muchas veces incluso en Miami.  Pareciera que el estado, aerolíneas y agencias siempre promovieron el turismo emisivo por sobre el interno, y sobre todo por sobre el receptivo.

 

“La única verdad es la realidad” de Aristóteles a Perón, y “buscar la verdad a partir de los hechos” desde el bimilenario Hangshu a Mao y Xi Jinping nos invitan a ser realistas y a partir de diagnóstico certero asumir la realidad para modificarla a nuestro favor.  Dejada de lado la autocomplacencia y las observaciones infundadas de tal o cual boom imaginario de turismo pasado, la realidad histórica es que Argentina nunca jamás fue un destino de turismo masivo y prácticamente siempre tuvo déficit en la balanza turística.  Incluso es fija en el podio de los países emisores de turistas de la región aún con 3 veces menos población que México, 5 veces menos que Brasil, y menos que Colombia.

 

El turismo receptivo puede ser y es en muchos países una fuente de riqueza, y también de desarrollo cuando es correctamente planificado.  Pero sobre todo es un gran generador puestos de trabajo y de empuje a las economías regionales como lo atestigua España con más de 2.700.000 empleos directos en el sector e ingreso de 180.000.000.000 de dólares de divisas por turismo receptivo en 2019.  Con semejante ingreso anual por turismo Argentina sería capaz de cancelar su deuda externa en menos de dos años.  Tan solo el ingreso de divisas por turismo en España es equivalente al PBI total del petrolero Qatar, superior al PBI de los 40 millones de ucranianos y 43 millones de argelinos.

 

Por lejanía de los centros emisores de turistas, estaciones invertidas, y nula dotación de playas internacionalmente competitivas (que es el principal objetivo del turismo masivo) es imposible de replicar el exitosísimo modelo de desarrollo turístico español que por perfectible que pueda ser es junto con su pertenencia a la UE la base del bienestar material de ese país.

 

Más interesante es estudiar el caso de Australia ya que su modelo sí es susceptible de ser importado en Argentina.  El origen del principal contingente de turistas extranjeros en la antigua cárcel de ultramar inglesa es China, 1.400.000 turistas chinos en 2018 y un ingreso de divisas para Australia en torno a los 12.000.000.000 dólares australianos .  De esos turistas aproximadamente el 20% son estudiantes que pasan poco más de 6 meses y gastan unos 7.000.000.000 dólares australianos por año, unos 27.000 dólares por estudiante.  En el caso de Reino Unido, los 120.000 estudiantes chinos que suele acoger gastan más de 5.400.000.000 de usd por año.

 

Si Argentina hubiera tenido los ingresos por turismo chino de Australia las crisis cambiarias y devaluaciones de los últimos 10 años con su consiguiente impacto inflacionario se habrían evitado, incluso la fuga masiva de capitales de los últimos años del gobierno de Macri podría haberse solventado sin el apalancamiento del FMI.

 

 

¿Cómo llenar de turistas chinos los hoteles argentinos y se justifique construir más hoteles?

 

¿Cómo llenar de estudiantes chinos nuestras universidades y convertirlas en minas de oro?

 

¿Cómo generar muchísimo empleo y riqueza en el interior gracias al turismo receptivo chino?

 

Si por fin Argentina asume una vocación turística y acepta el desafío de convertirse en una potencia turística global, destino preferente de chinos, para con los ingresos del turismo receptivo mejorar los indicadores económicos y de desarrollo de las economías regionales, contribuir a la mejor distribución de la población en el interior, y lograr que la deuda deje de ser un problema hay tres prerrequisitos indispensables, condiciones sine qua non; así como diferentes estrategias de producto y comunicación a desarrollar.

 

De más está decir que por más bienintencionadas que fueron, las diferentes estrategias de desarrollo turístico hasta la irrupción de la pandemia de covid-19 no funcionaron.  La gestión Lammens (en la que por fin se ve un cambio de tendencia con respecto a las anteriores) tuvo la desgracia que inaugurarse con la peor crisis turística de la historia, solo comparable con las de las dos guerras mundiales.  Para ocupar el lugar que le corresponde a la Argentina entre las potencias turísticas es imprescindible ser creativos, pragmáticos y “cambiar el chip”.

 

Prerrequisitos:

 

1. Eliminación de visa para los turistas de China, tanto de la parte continental como la insular.  Para aprovechar la ventana de oportunidad que se abrió con el advenimiento de China como mayor mercado emisor del mundo, precisamente un mercado en el que sí podemos ser competitivos (ya que no es adepto al turismo de sol y playa que es el que más turistas mueve en el resto del mundo, sino al cultural y educativo) es imprescindible tener la “ventaja del primero en mover” y ser el primer país relativamente grande y de ingresos medio-altos de eliminar el requisito de visa para los turistas y estudiantes chinos.  La ventaja del primero en mover es la ventaja competitiva ganada por el primer ocupante significativo de un segmento de mercado, y permite establecer un fuerte posicionamiento en la mente del consumidor con gran reconocimiento de y fidelidad hacia la marca (o destino) así como una ventaja para prepararse y generar recursos y estrategias frente a la posterior irrupción de competidores.

En el caso de Marruecos, uno de los primeros países en eliminar el requisito de dicho visado la llegada de turistas chinos se multiplicó por 18 en tan solo 3 años, entre 2015 y 2018.

 

Habiendo tantos preconceptos, información desactualizada y bulos en todo lo que respecta al Imperio del Medio no está de más informar que el PBI per cápita de China en términos reales es superior, o muy superior al de la mayoría de los países latinoamericanos a los que Argentina no solo no exige visado sino ni siquiera pasaporte.  Macao supera los 100.000 usd de PBI per cápita; Hong Kong, Taiwán, y muchas regiones costeras de China con cientos de millones de habitantes superan en términos reales el ingreso medio de la Unión Europea.  A su vez debido a que en ningún otro país hay tanta movilidad social ascendente como en China no solo la tasa de migración actual es prácticamente neutra (26 veces menor a la de Uruguay) sino que además cada vez más antiguos emigrantes están volviendo a su país.

 

2. Mejorar la conectividad.  Argentina está en las antípodas del centro del mundo.  Más población vive en un radio de unos pocos miles de kilómetros con centro en algún punto entre China e India que fuera de él.  Para llegar desde China a Argentina se necesitan dos vuelos intercontinentales y generalmente dos visas. Aerolíneas Argentinas es la herramienta clave para mejorar la conectividad con Asia.  Prepandemia volaba solamente a dos países entre los 10 mayores emisores de turistas, EEUU e Italia; y con ambos Argentina tiene déficit turístico.

 

Es imprescindible que Aerolíneas concentre vuelos y frecuencias en algún aeropuerto a medio camino con la mayor cantidad de vuelos directos a la mayor cantidad posible de ciudades chinas, que no exija visa para pasajeros en tránsito, y que preferentemente se encuentre en alguno de los principales países emisores de turistas del mundo; si además también funciona como HUB para otros países entre los mayores emisores, entonces es óptimo.  El principal aeropuerto de París reúne todas esas condiciones. No solo recibe vuelos directos de diferentes aerolíneas chinas desde 12 ciudades con cientos de millones potenciales visitantes (Beijing, Chengdu, Shanghai, Hong Kong, Qingdao, Guangzhou, Taipei, Chongqing, Guiyang, Shenzhen, Xi'an y Fuzhou) sino que además es un centro de conexión para 5 de los mayores países emisores de turistas de Europa y del mundo (Francia, Reino Unido, Italia, Alemania y Rusia).  Aerolíneas debe establecer acuerdos de código compartido con las aerolíneas chinas y todas juntas ofrecer vuelos extremo a extremo con escala en París.  De esa manera no solo se establecería una conexión más ágil, a más ciudades, con mayor capacidad de transporte sino que además potencialmente las 7 más importantes aerolíneas chinas harán marketing localmente para promocionar las rutas a Argentina.

 

3. Aunar fuerzas.  El desafío es mayúsculo, solo puede llevarse a cabo con una toma de conciencia de todas las estructuras del estado, de las empresas del rubro y de la sociedad civil que establezca el desarrollo del turismo emisivo como un objetivo común.  Es imposible que el Ministerio de Turismo y Deportes pueda solo.  Ese ministerio debe ser apoyado y trabajar codo a codo con los de Transportes, Educación, Cultura (que debiera ser de Cultura y Patrimonio como en China), de Ambiente (que maneja los parques nacionales), la Agencia de Administración de Bienes del Estado (que posee numerosos edificios patrimoniales en desuso y en ruinas que podrían ser restaurados y convertidos en hoteles), el Ministerio de Economía (para simplificar el pago pago en línea y con celular), la Secretaría de Medios y Comunicación Pública (para promocionar y respaldar coproducciones sinoargentinas como sucede en Serbia), la Comisión Nacional de Monumentos (podría presentar al menos una docena de candidaturas para Patrimonio Mundial UNESCO), el Ministerio de Relaciones Exteriores (que además podría abrir el Palacio San Martín al público todos los días), la Embajada en China (de la que el nuevo embajador y su equipo demostraron ser extremadamente expeditivos en medio de la pandemia), con los gobiernos provinciales y locales, cámaras sectoriales, hoteles, aerolíneas, agencias de viajes, universidades públicas y privadas, escuelas de castellano, productoras de cine y audiovisuales, y un largo etcétera.

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