jueves 07 de julio de 2022

Noticias | 21 jun 2022

Economía

Inflación y rebusques. El manual de supervivencia de la clase media y media alta

Los hábitos de consumo cambian día día, incluso para familias poco acostumbradas a cuidar el bolsillo; desde la interrupción de salidas a comer afuera hasta la baja de la prepaga, los gastos que ya no van más para este sector


Detrás del dato de inflación de cada mes, hay un argentino haciendo malabares. Incluso familias poco acostumbradas a cuidar el bolsillo, debieron cambiar drásticamente sus hábitos de consumo en el último tiempo. Las clases bajas, desde ya, son las más perjudicadas: quienes luchan por su subsistencia son quienes más sufren las subas en productos y servicios. Pero para el sector de la población que se ubica en la mitad de la pirámide la situación comenzó a agravarse y el ajuste ya llegó al segmento más alto de la clase media.

Según el informe de Social Mood elaborado a junio de 2022 por Fernando Moiguer, CEO de Moiguer Compañía de Estrategia, 4 de cada 10 argentinos declara no haber realizado consumos suntuarios como salidas, compra de indumentaria o electrónicos en el último mes. Peor aún: la mitad dice haber incumplido o haberse retrasado en el pago de servicios/impuestos (nivel alto: 35%, clase media: 43%, clase baja: 56%).

Además, en la muestra realizada en mayo, 7 de cada 10 encuestados afirmaron que habían tenido que recortar sus gastos de forma significativa en el último mes. De ellos, el 68% modificó la forma de adquirir productos para el hogar, el 42% dejó de comprar carnes o gaseosas, el 37% decidió no salir más a comer afuera, el 15% resignó el gimnasio o el club, el 10% se vio impedido de pagar cuotas pendientes, el 7% dio de baja la prepaga y el 3% cambió a sus hijos a un colegio público, entre otros ajustes.

 

Adiós a las viejas costumbres

“Antes hacía compras mensuales en el supermercado, mientras que ahora compro para el día o para la semana. Presto especial atención a los vencimientos de luz, gas y agua para no pagar con recargo, bajé planes en telefonía móvil y eliminé gastos superfluos de salidas como cine o bares. También trato de no salir a cenar o a almorzar afuera”, enumera Rubén Larrosa, de 55 años, que vive en Florida, y es secretario en un colegio privado de Pilar.

Los aumentos salariales que recibe se licúan rápidamente, por lo que desde el año pasado -más aún después de la prohibición del Gobierno para comprar viajes en el exterior en cuotas- cambió sus modos de consumo. “Cuando se eliminaron esos pagos aumenté el ajuste, sacrifico algo por otra cosa “, asegura.

Moiguer plantea que los niveles socioeconómicos más bajos vivencian la pérdida en la mayoría de los aspectos de su vida “con menor confianza en ellos mismos” y afirma que sus metas “se ven reducidas a lo más básico y primario”. En tanto, de acuerdo a su análisis, los segmentos más altos “mantienen cierta confianza en ellos mismos y en poder progresar”, pero se enfrentan a ajustes para mantener su modo de vida.

Josefina es especialista en marketing y comercialización de vinos, tiene su propia consultora y trabaja para distintas bodegas. Vive en Recoleta con su marido y sus dos hijos, de 11 y 13 años, que concurren a colegios privados de la zona. Nunca evaluó la alternativa de cambiarlos a establecimientos de menor poder adquisitivo, pero sí decidió suspender el comedor: desde hace unos meses prescinde de ese servicio y todas las noches les prepara la vianda. Por la nueva dinámica que implementaron, pasa más horas en la cocina de las que estaba habituada. “Dimos de baja las salidas a comer afuera y llevamos picnic al club los fines de semana”, dice la empresaria.

Mantienen la cuota del club, pero introdujeron pequeños cambios. “Hacemos pool para ir a hockey o rugby, antes iba cada uno por su cuenta”, comenta. Los gastos en nafta, hasta hace un tiempo sin control para estas familias, ahora son seguidos de cerca.

Según Guillermo Oliveto, fundador y CEO de Consultora W, las estrategias en estos casos se organizan alrededor de una premisa: tratar de perder la menor calidad de vida y de consumo posible. Estas familias buscan cuotas (sobre todo con planes Ahora), se focalizan en las ofertas de cada lugar, investigan canales alternativos de compra y aprovechan descuentos de aplicaciones.

“Los que tienen dinero y hogares grandes compran paquetes grandes y se stockean, y los que no tienen tanto, pero quieren seguir en la misma marca, compran paquetes chicos o más accesibles como los que se usan para refill o recarga”, describe. Otro fenómeno es la compra de productos sueltos o al peso, además de la exploración de nuevas marcas. “No se trata de segundas marcas sino primeras marcas desconocidas o sin marketing”, precisa.

 

No hay rubro en el que los precios no hayan escalado y el salario no sigue esa tendencia. Según el centro de investigación Idesa, el Ripte -que es la remuneración promedio sujeta a aportes al Sistema Integrado Previsional Argentino- medido a valores del dólar blue, se redujo en un 62% entre abril de 2018 y marzo de 2022 (pasó de US$1601,93 a US$601,09).

“Antes salía a cenar con mi madre y mis sobrinos asi todos los fines de semana y ahora solo una vez al mes. También tomaba vinos de marca que ahora están muy lejos de mi alcance y cambiaba el celular todos los años mientras que ahora tengo el mismo desde hace cuatro. Por último, dejé de comprar los jeans de siempre para comprar otros de cualquier marca por $3000. En ropa es en lo que más ahorro”, cuenta Héctor Guillermo Iaiem, un analista de sistemas de 38 añosue trabaja en una farmacia en Salta Capital.

 

Rebusques y tips en las redes

Según el último Índice de Precios al Consumidor (IPC) elaborado por el Indec a mayo, Prendas de vestir y calzado, Restaurantes y hoteles, y Recreación y cultura son tres de las divisiones que aumentaron por encima del nivel general de inflación con un 5,8% de variación, 5,7% y 5,2%, respectivamente. Y la ropa se ubicó nuevamente en el podio de lo que más sube como viene sucediendo desde hace más de un año lo que explica el éxito de la avenida Avellaneda, en el barrio porteño de Flores. Si bien no es una novedad que la oferta allí es económica y que los sábados se pueden hacer compras minoristas, en el último tiempo está viviendo un boom con más afluencia de clientes.

Sin embargo, para los novatos es difícil ubicarse, lo que llevó a Jen Szuster, una médica oftalmóloga de 37 años que vive en Villa Devoto, a crear una serie de videos que consignan los lugares en que se puede encontrar ropa de oficina, abrigos o indumentaria para niños. Desde marzo sumó 200.000 seguidores a su cuenta de Instagram por su contenido y ya tiene más de 340.000.

“Descubrí avenida Avellaneda hace ocho años por una amiga que venía a comprar mercadería para su local en Mar del Plata y yo iba cada tanto porque los precios eran espectaculares. Sin embargo, en esa época aún se podía viajar afuera entonces nadie le daba tanta bolilla, no era el boom que es ahora”, cuenta.

Según relata, inicialmente su cuenta era sobre maternidad, pero luego decidió orientarla a distintos tips, entre los cuales incluyó cómo vestirse bien por bajo precio. Va dos veces al mes a Avellaneda para hacer recorridos que luego sube a sus redes.

“A mí siendo profesional me resulta imposible vestirme bien con marcas de shopping porque todo está muy caro o los sueldos quedaron muy desactualizados. Es excesivo. Tengo dos hijos de 5 y 7 años y ellos se visten en Flores. Yo fui viendo cómo se fueron modificando las marcas del placard. La última vez que pude viajar fue en 2019 y por ahí queda alguna prenda de afuera, pero la mayoría la fui regalando porque crecieron y ya no les entra. Ahora tienen cosas buenísimas también, pero hay que priorizar por algún lado”.

Los protagonistas

Más allá de las estrategias, el analista económico Damián Di Pace dice que hay que hacer hincapié en los protagonistas de los recortes. “El Gobierno se preocupa por los asalariados que son 9 millones de personas, pero somos 47 millones en total y todo el resto depende de ingresos que no son constantes. La clase media, que está mayormente compuesta por autónomos, monotributistas, comerciantes y profesionales, está con una “doble Nelson” desde 2018: con la inflación pierden más poder adquisitivo porque no tienen paritarias y además el Estado se lleva cada vez una porción más grande de su torta”, esgrime, y pone como ejemplo que un asalariado que gana $280.792 no paga ganancias mientras que un autónomo paga desde los $64.141 (hay un proyecto de ley con media sanción en Diputados que lleva el monto hasta los $94.711 y se estima que será aprobado por el Senado a fines de este mes).

“A esa persona no le queda otra que ajustar lo mismo que al monotributista que, si pide una recomposición salarial del 70%, lo sacan eyectado. El Gobierno dice que el Estado está presente, pero solo está presente para el que está protegido y ausente para autónomos y monotributistas que no están agremiados”, opina.

Por último, dice que el problema es la demanda y los ingresos de la población a la que no le queda otra que ajustarse desde 2018: “El gobierno anterior también hizo lo suyo cuando pegó el salto la devaluación y no se corrigieron las alícuotas, el retraso viene de antes y la actual gestión lo consolida”.

Fuente: La Nación

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