Una mujer de 45 años murió el miércoles 17 de junio en la provincia de Córdoba a raíz de las graves quemaduras que sufrió luego de que el celular que cargaba dentro de un auto se incendiara mientras circulaba por una ruta. El fuego generado por el dispositivo provocó que el conductor perdiera el control del vehículo, que terminó impactando contra una alcantarilla. La víctima, que se encontraba en el asiento del acompañante, fue trasladada al Instituto del Quemado, donde finalmente falleció.
El caso puso otra vez en agenda la pregunta de por qué, en determinadas circunstancias, una batería de celular puede convertirse en un foco de incendio o incluso en una pequeña explosión.
Según el Fire Safety Research Institute (FSRI), organismo internacional dedicado al estudio de la seguridad contra incendios, esto se explica por la química y la ingeniería detrás de las baterías de ion-litio, la tecnología que utilizan prácticamente todos los smartphones del mercado.
Las baterías de litio almacenan gran cantidad de energía en un espacio reducido, lo que las hace eficientes, pero también sensibles a determinadas fallas.
De acuerdo con estudios recientes del FSRI y la National Institute of Standards and Technology (NIST), el fenómeno que explica la mayoría de los incidentes se conoce como escape térmico, una reacción química en cadena: cuando una celda se daña, se sobrecalienta o recibe más voltaje del que puede tolerar, comienza a descomponer sus componentes internos. Ese proceso libera gases inflamables y eleva la temperatura de forma exponencial, hasta que se produce la ignición.
El FSRI, brazo de investigación de la organización internacional de certificación UL (Underwriters Laboratories), viene estudiando este fenómeno desde hace años en laboratorios de Estados Unidos. El investigador principal del FSRI, Charles Fleischmann, advierte que en algunos casos la batería en descontrol térmico puede dejar solo unos segundos entre la aparición de humo visible y una explosión, lo que impediría a los ocupantes escapar a tiempo del fuego.
Para evitar que esto ocurra, los fabricantes incorporan un componente: el BMS (Battery Management System), un sistema electrónico que monitorea de forma constante el voltaje y la temperatura de la celda, y corta la corriente de manera automática si detecta valores peligrosos. Mientras ese sistema funciona, el riesgo de explosión es bajo. El problema surge cuando el BMS falla o es sin certificación —algo frecuente en baterías de imitación o cargadores no certificados—, porque ahí el voltaje puede dispararse sin control y desencadenar la descomposición del electrolito interno, un líquido altamente inflamable, según el Fire Protection Research Foundation.
No es la primera vez que este tipo de fallas alcanza difusión internacional. En 2016, un fabricante de teléfonos debió retirar del mercado global uno de sus modelos después de que decenas de unidades se incendiaran o explotaran espontáneamente, varias de ellas mientras se cargaban. De acuerdo con la Comisión de Seguridad de Productos de Consumo de Estados Unidos (CPSC), este episodio fue uno de los retiros de productos electrónicos más grandes de la historia reciente, con más de un millón de dispositivos afectados solo en ese país.
Los especialistas coinciden en que, además de una falla de fabricación, hay un combo de factores externos que pueden precipitar un escape térmico. Según el FSRI y la base de datos hospitalaria de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. (NIH), los principales factores son:

Usar cargadores originales y evitar cargar el celular en lugares calurosos o sin ventilación son claves para prevenir accidentes graves con baterías de litio (Imagen Ilustrativa Infobae)
A partir de estos antecedentes, organismos de seguridad e investigadores en la materia coinciden en una serie de cuidados. Según el FSRI, el FDNY y el NIH, se recomienda:
Según estimaciones de la industria citadas por especialistas como K.M. Abraham, profesor de la Universidad de Northeastern y uno de los científicos que contribuyó al desarrollo de la batería de litio, la tasa de fallas de este tipo de baterías es de aproximadamente 1 en 1 millón, una proporción baja si se la compara con los miles de millones de celulares y computadoras que se utilizan a diario en el mundo.