miércoles 8 de julio de 2026

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El jaque mate de la Scaloneta: tres jugadas (y media) para escribir otro capítulo de la mejor Selección de la historia

La clasificación a cuartos de final del Mundial 2026 quedó sellada con 15 minutos memorables. La vigencia de un equipo liderado por el inoxidable Messi que sigue encontrando respuestas cuando más las necesita.


En tiempos analógicos, cuando la comunicación y la conectividad estaban en pañales, Frans, que vivía en Loma Bola, en Córdoba, casi San Luis, recibía los diarios con delay. La demora era mucho mayor a la que se sufre hoy, prisioneros del scroll y de la ansiedad en la era de la inmediatez, con los televisores totalmente fuera de sincronización y con goles que se gritan y se sufren antes o después de acuerdo con el decodificador o la conexión de fibra óptica que tenga cada uno.

 

La cuestión es que Frans esperaba los diarios con noticias viejas. Pero no le interesaban las noticias. Lo que le importaba eran los problemas de ajedrez que venían en las ediciones impresas de los diarios. Los recortaba, los estudiaba y los resolvía antes de que la solución llegara allá, con un delay exasperante, a los pies de los Comechingones, donde eligió vivirhasta morir a los 94.

 

Los problemas de ajedrez, exámenes de táctica y estrategia, planteaban que las blancas o las negras tenían que dar mate en tres jugadas. Y una encrucijada similar fue la que vivió la Selección Argentina este martes 7 de julio en Atlanta. A falta de un cuarto de hora para el final del partido contra Egipto, por los octavos de final del Mundial más largo de la historia, tenía que resolver un 0-2 contra Mo Salah y compañía. Y necesitó tres jugadas para resolver el desafío.

 

No había margen de error para un equipo que había transitado todo el partido a contramano. Había aroma a final de ciclo. Para ser justos, había aroma a final de era. Porque la Scaloneta marcó una era. Podía terminar, en la tierra de Trump, el ciclo más virtuoso de la historia de la Selección. Porque no hay que olvidar a los próceres de Argentina 1978, los que rompieron el muro. Porque no hay que olvidar, perdón por la reiteración, a los héroes de México 1986, con Maradona en esplendor. Pero lo de este equipo, con Messi como abanderado, no tiene igual. Nunca hubo un ciclo —y no importa lo que suceda el sábado contra Suiza— tan virtuoso como el de la Scaloneta.

 

Es indiscutible.

Foto Juano Tesone / Enviado especial Foto Juano Tesone / Enviado especial

 

Volvemos. Es fútbol. Y los laureles, por más esfuerzo que uno haga, inevitablemente se marchitan. Pero la Scaloneta siempre tiene un plus. Y, como Frans, allá en Loma Bola, se encontró con un problema para resolver. Tenía 15 minutos para evitar que la historia contara que el ciclo había llegado a su fin en los octavos de final de un Mundial y con Egipto como rival -y con otro penal errado por el capitán, el mejor de todos los tiempos (perdón, Diego)-.

 

Fue entonces cuando la Selección Argentina de Lionel Scaloni, el gran DT, jugó los mejores 15 minutos finales de su ciclo. Había que dar jaque mate en un cuarto de hora. Y lo dio. En tres jugadas. Bah, en tres jugadas y media.

 

Messi, que había tenido uno de sus partidos más opacos en celeste y blanco, se encendió después del centro a la cabeza del Cuti Romero que se tradujo en el 1-2.

 

Foto: REUTERS/Omar AzizFoto: REUTERS/Omar Aziz

 

La mirada perdida mutó en ojos de cazador. Y ahí Argentina, Messi, en realidad, empezó a ver todas las jugadas como Beth Harmon en la serie Gambito de Dama.

 

Llegó el 2-2 con ese furioso zurdazo. Y después, en busca de la resolución, mandó la señal para que Julián Alvarez tirara el pelotazo para Lautaro Martínez y Lautaro Martínez sacara el mejor centro de su carrera para que Enzo Fernández, con el manual bajo el brazo, cabeceara con los ojos abiertos al gol, en tal vez el mejor cabezazo de su vida... Y de ahí al delirio. El 3-2. El pase para seguir soñando.

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